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Tengo la costumbre de recorrerme la zona de dvd’s cada vez que entro en un hipermercado, así siempre estoy más o menos al día con los lanzamientos y a veces encuentro joyitas a buen precio. Ayer mismo, mientras intentaba hacer la compra semanal, me encontré con una estantería de ediciones especiales de películas, unas buenas y otras no tan buenas, pero que por 12 euros no estaban nada mal de precio. Y entre ellas, una única copia de 300, cuyas compañeras de estantería habían literalmente volado. Lo malo de ser estudiante es que nunca tienes dinero para las cosas que quieres, y lógicamente, yendo con el dinero contado no podía permitirme ese lujo (qué quieren que les diga, me gusta el cine, pero me gusta más no quedarme sin comer); así que decidí “esconderla” en otra fila con la esperanza de que cuando volviese siguiese allí. Y así ha sido.

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Yo creo que ocultar un dvd suculento a los ojos de otros posibles compradores es un arte. Y en eso soy una artista. Porque, ¿quién iba a buscar a los varoniles espartanos entre ejemplares de Brokeback Mountain?

Por cierto, recomiendo que todo el que pueda se pase por su Carrifuá u Horroroski más cercano, en serio que tienen cosas que merecen la pena. Por ejemplo, mi siguiente parada es Vacaciones en Roma o Desayuno con Diamantes, aún no lo tengo decidido.

Estoy vaga, muy vaga. Llevo vistas unas 8 películas en las últimas 2 semanas y aunque me gustaría hablar de ellas me da pereza. Así que me parece que voy a recurrir a lo fácil, que es hablar sucintamente de la doble proyección que Megagumi hizo el domingo y pegar un par de vídeos para quien no sepa de qué va la vaina.

Fué una tarde dedicada a las adaptaciones cinematográficas de viñetas, americanas y japonesas. Representando a los primeros teníamos 300, una sangrienta obra épica que plasma con mucha fidelidad el entorno creado por Frank Miller (para quien no lo sepa, es el señor que escribió y dibujó esta historia hace unos años). Una sangrienta y épica historia con base real (la batalla de las Termópilas) con un tratamiento digital como el que se pudo ver en Sin City (también basado en unas novelas gráficas de Frank Miller). Sinceramente, a mi me encanta ésta película. Dejando aparte las licencias históricas que se pueda uno tomar en cuanto a peleas, estilos de lucha, armas y un largo etcétera, que al ser una adaptación de una obra de ficción pues no se pretende ser 100% fiel; la historia base no se ve alterada, y las secuencias de lucha suponen en mi opinión una manera de hacer bella la violencia sin compasión. Esos cambios de velocidad en mitad de un movimiento nos dejan estampas realmente bellas que recuerdan (mayor o menormente) a esas vasijas griegas con esos perfiles perfectos sosteniendo una jabalina.
Una escena que me gusta mucho de 300 es la primera batalla (o más bien escaramuza) entre los espartanos y los persas, ya que es la única vez que se muestra de forma fiel cómo funciona una falange de hoplitas griegos, la impenetrable unidad de infantería que más tarde perfeccionaron los romanos en su legión. Disfrutadla pinchando en el link:

Primera batalla de ’300′

El representante de las adaptaciones de obras japonesas a la gran pantalla fué Transformers. Personalmente y por lo que he podido averiguar, tengo que decir que la serie de animación y demás están basados en los juguetes que la marca Hasbro sacó al mercado en los años 80 en un intento de sacar tajada de las series de robots que hacían furor en Japón( y EEUU) como Gundam o Macross. Después hubo series, comics, etc. Pero volviendo al tema que nos ocupa (la adaptación cinematográfica), aunque nunca será santo de mi devoción he de decir que la factura de la película es muy buena. Los que conocemos la serie precedente sabíamos que sólo veríamos una cosa: robots que luchan. Y quien esperase algo más, no sabía a lo que iba, más sabiendo que el responsable de la cinta no es otro que Michael Bay, conocido por ser un especialista en cine de acción espectacular (aunque le suela fallar el guión). Transformers es espectacular, los avances en los efectos digitales consiguen que creamos realmente que un Camaro puede convertirse en un robot alienígena, integrando a los actores perfectamente con la parte digital. Si bien la historia es sencilla, no se necesita mucho más, puesto que no hay más que esa historia, esa trillada lucha entre el bien y el mal. Pero qué quieren que les diga, es una película para disfrutar y maravillarse de la técnica moderna. Coman palomitas.
La escena que hay más abajo corresponde al momento en el que los Autobots (los buenos) llegan a la Tierra y que, a pesar de que la banda sonora no es sobresaliente, en esta escena en particular a mí me puso los pelos de punta, la sincronización entre partitura e imágenes es realmente bella y esa combinación tan bien llevada a cabo la convierten en una de las mejores escenas de la película:

Llegada de los Autobots a la Tierra

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